ANÉCDOTA. Siempre que hay un mundial de fútbol recuerdo la historia de un hombre que se hizo millonario, supuestamente, con un préstamo de narcos a los que no pudo pagar y terminó acorralado entre el riesgo de que ellos lo mataran o las fuerzas de seguridad lo encerraran por ‘lavado de dinero’.
Hace unas dos décadas conversábamos con un amigo sobre medicina natural, me dijo: “Te voy a presentar a unos amigos que saben mucho de eso”, y me relacionó con su grupo de ‘amigos cultos’ que incluía a un personaje ecuatoriano muy interesante, sabía tanto de fútbol como de política, economía, ciencia, ecología, religión. Para los periodistas y escritores, amigos así, son una maravilla porque puede ayudarnos a aclarar ideas, a elevar el conocimiento.
En Quito, la capital de Ecuador, él tuvo un local gastronómico pequeño, menos de 10 mesas, donde parábamos los universitarios. Cuando me lo presentaron, tenía una cadena de locales elegantes, con muchos consumidores, porque cuidaba los detalles: las instalaciones debían estar impecables, los alimentos tenían que ser frescos y la comida excelente. A sus empleadas les exigía que usaran uniforme y trataran bien a los clientes, sonreír siempre –cosa rara en Ecuador- “porque ellos son los que nos dan la plata, son la ‘gallina de los huevos de oro”, decía. Recuerdo el día en que uno de sus amigos lo llamó para quejarse porque una empleada lo había tratado displicentemente, al siguiente día la canceló.
Una vez invitó a los ‘amigos cultos’ a su casa, me incluyeron y pareció que entraba a una de esas mansiones vistas en las películas de ricos, había sido construida en un terreno de más de una hectárea, en una de las zonas más elegantes de Quito, con vista a los valles, en su sala gigante había muchos cuadros y esculturas de artistas famosos, escogidos por su esposa extranjera que gustaba del arte. Para completar el escenario pusieron a sonar música clásica. Un ambiente de fantasía, con café de calidad.
MUERTE Y ¡GOOOL!
Las conversaciones sobre medicina alternativa continuaron en la oficina del amigo más naturista del grupo. Un día, el ‘amigo empresario-intelectual’ nos contó que iría al campeonato mundial de futbol en Corea y Japón (31 mayo 2002), pero antes pasaría por una ciudad de Norteamérica para saludar y despedirse de su esposa e hijos que estudiaban allá. Había empezado el campeonato y conocimos que él no llegó ni a Corea ni a Japón porque había muerto en un hospital de la ciudad de Norteamérica, por paro cardíaco. Nos dio mucha pena, pero no nos sorprendió, sabíamos que tenía problemas de corazón, por enfermedad, y por una fémina.
Mientras el mundo gritaba ¡gooool!, esperábamos a que llegara a Quito su cadáver porque, conocido es, los ecuatorianos que mueren en otro país, hasta muertos quieren regresar a su tierra. Pero el cuerpo de nuestro amigo empresario nunca llegó. Tiempo después, uno de los amigos contó una historia rarísima: tan pronto como falleció, por pedido de su esposa, nuestro ‘amigo empresario’ fue incinerado. Ella y sus hijos se quedarían a vivir en Norteamérica y su cadena de negocios en Quito se cerraría.
¿Había tanto amor al muerto como para que dejaran ‘botado’ tanto dinero?, nos preguntamos. No encajaba con la realidad y llegamos a dudar de su muerte. Huyó, pensamos, pero ¿por qué motivo?
Como a todos los amigos del grupo nos gustaba investigar, uno descubrió que nuestro ‘amigo empresario’ había sido contactado por ‘alguien’ que le ofreció 2 millones de dólares para la expansión de su negocio gastronómico. Él, como buen economista, hizo cálculos y le expuso a ese ‘alguien’ un plan de pagos. Y, tras un acuerdo verbal, instaló su cadena de locales a toda velocidad, pero por tanto gasto que había hecho en el negocio, en su caserón de lujo, en carros, en paseos internacionales y una que otra fémina, el dinero ‘voló’ y ya no pudo cumplir con los pagos a ese ‘alguien’ que, sospechamos, era un narco porque, simultáneamente envió a su familia a Norteamérica y compró su ‘paquete’ para ir al mundial de fútbol, al que nunca llegó.
Nuestra hipótesis de que él no estaba muerto, se fortalecía y la casualidad puso en mi camino a una persona que tenía un contacto en la policía de la ciudad de Norteamérica donde, supuestamente, falleció nuestro ‘amigo empresario’. Este contacto revisó la lista de los ecuatorianos fallecidos allá en el año del campeonato mundial de fútbol y no encontró el nombre de nuestro amigo empresario. Se confirmó la hipótesis, él no murió, posiblemente se sometió a una cirugía para cambiar de cara y se fue a vivir en Norteamérica.
Pero, hasta ahora flota la duda: ¿Él vive (posiblemente hasta ahora) con otra cara, invisible, escondido, con miedo? Esta emoción domina a toda persona que se mete en negocios o pide dinero prestado a narcos que, si no cumple con lo pactado, lo matan; o con miedo a que la policía lo capturara por ‘lavado de dinero’.
Moraleja: si no quiere terminar abaleado o preso, no se meta en negocios con narcos, ni siquiera ‘una vecita nomás’.
MNeiraperiodismo.blogspot.com 10/7/2026
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